viernes, 15 de diciembre de 2017

Argentina 2017. Otra vez en la Encrucijada.


  1. El péndulo clásico de la Política Económica argentina (y el péndulo político que lo acompaña) ha vuelto a su posición afín con el esquema agroexportador y de dominancia financiera. Como sabemos el péndulo es el resultado de los límites de los dos proyectos políticos que se disputan el espacio, el nacional popular y el neoliberal. El primero mejora a las mayorías populares pero al no dar el salto al Desarrollo parece frenarse. El segundo irrumpe denunciando al supuesto populismo como la causa de todos los males y prometiendo el cielo, aunque termine su parte del ciclo con un infierno.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Economía Política 2017/8

Por Amable López Martinez, Noviembre 2017


             

   La clase media, cuando está bien vota mal. Cuando está mal vota bien.
Arturo Jauretche.


Una introducción indispensable. El Bimonetarismo.

La Economía argentina, en sus formas adquiridas luego de 1975 con el Ministerio de Celestino Rodrigo, se convirtió en una economía Bimonetaria, con una moneda propia y débil, el peso y una fuerte y ajena, el dólar estadounidense. La Política Monetaria pierde así gran parte de su eficacia.

A partir de ese momento se constituye en una tipología única. Existen economías dolarizadas, (Ecuador, Hong Kong) pero lo son en un todo. El Bimonetarismo argentino alcanzó su paroxismo en ocasión de aplicarse la Convertibilidad peso/dólar durante el experimento del peronismo con Menem y Cavallo. Se llegó a creer que emitíamos dólares, por cuanto una divertida ley permitía anotar como dólares los depósitos realizados en pesos. Los billetes en circulación (B) tenían una contrapartida-discutible- en dólares en las Reservas, pero el multiplicador del dinero (K) no. El Circulante no estaba dolarizado. (C=B*K) Sólo se creaban “argendólares”, es decir una estafa piramidal. Fin de esto en el 2001, pero no fin del Bimonetarismo.

lunes, 22 de mayo de 2017

El futuro del trabajo


Por Amable López Martinez - Abril-Mayo 2017 

Antecedentes. La preocupación por el futuro del Trabajo ante la tecnificación es tan antigua como el Capitalismo, aunque en rigor debiera estar dirigida, al menos con el mismo énfasis, a la desapropiación de medios de producción que este sistema consagra en la vida del trabajador. Por estos días la Organización Internacional del Trabajo está realizando seminarios sobre el tema, lo que demuestra que la preocupación se ha renovado. El temor se asienta tanto en las nuevas formas de organización del trabajo, que han creado nuevas formas de precariedad e incertidumbre social, como en la aceleración posible de este fenómeno en razón del avance tecnológico ahorrador de trabajo.

Carlos Marx creyó ver en la tecnificación creciente el germen de la disolución del sistema capitalista. Suponía que el aumento de la “composición orgánica del capital” haría desaparecer la ganancia, la que, en su particular visión solo podía surgir del “capital variable” o sea del trabajo. Todavía hoy las distintas sectas marxistas discurren sobre este tema, que no es más que el resultado de un uso incorrecto de los conceptos de costos y de su relación algebraica. También es discutible el señalamiento de la “acumulación del capital” como inexorable tracción del capitalismo. La explotación del trabajo ajeno no tiene porque ser siempre creciente. Basta que sea constante, para permitir la dominancia y el status de la clase propietaria.

jueves, 25 de junio de 2015

El huevo de la serpiente de la Política Argentina.



Hechos y palabras.

No debieran buscarse tenebrosas conspiraciones para entender porqué un país como el nuestro padece sus particulares males políticos. Más conducente parece en cambio encontrar y señalar lo que quizás está a la vista, pero se omite con mala conciencia. En la cultura de las comunidades, entendida ésta en un sentido antropológico, se debe considerar el sistema de creencias de sus miembros, pero al hacerlo se debe saber que todo sistema de creencias tiene un desdoblamiento que opera, cuando la brecha es amplia, a modo de gran hipocresía colectiva: En un primer nivel, nos encontramos con lo formal o verbalizado en público y que coincide con el deber ser impuesto por la educación y la moral oficial, luego, en un segundo momento otro nivel, que sólo se manifiesta en privado, donde se expresan entre otras cosas las transgresiones a los valores públicos que se dice respetar.